¿POR QUÉ OLVIDAMOS?

¿Cómo selecciona nuestro cerebro la información que vamos a conservar por mucho tiempo, la que vamos a utilizar en ese momento y aquella que no es relevante para almacenar?

Todo esto es sorprendente. Nos vemos expuestos a una serie de estímulos de diverso tipo y en todos ellos ocurre el mismo proceso, una constante clasificación de relevancia e irrelevancia, todos estos estímulos a los que nos vemos expuestos son procesados en distintos niveles y jerarquizados.

Por ejemplo cuando estamos en una conversación en medio de un mercado. Escuchamos a nuestro interlocutor, pero a nuestro alrededor hay una serie de sonidos que llegan a nuestro oído y, si nuestro sistema auditivo y vías de conducción de la información auditiva están bien, todo llega hasta el cerebro en donde hay un análisis inicial de acuerdo a determinadas categorías de esos sonidos. Es interesante que la membrana basilar (en oído interno), así como la corteza auditiva primaria, están organizadas tonotópicamente, es decir de acuerdo a determinadas características de los sonidos, esto como análisis inicial. Luego se discrimina entre sonido y ruido, o sonido con relevancia y sonidos periféricos con diferentes grados de relevancia, se sigue un proceso cada vez más complejo y todos los sonidos van siendo analizados hasta extraer de ellos significados y asociarlos con información almacenada en la memoria para comprender y contextualizar mejor todo lo que estamos escuchando, todo eso mientras escuchamos y atendemos lo que nos dice nuestro interlocutor como prioritario, pero sin dejar de escuchar al que grita sus ofertas, las otras conversaciones de los demás compradores y así, innumerables sonidos que están siendo procesados simultáneamente junto con estímulos visuales, tactiles, olfativos, propioceptivos, gustativos, interoceptivos… ¡Uf, qué maravilla!

Imágenes tomadas de Pixabay

Voy divagando por las ramas sin llegar a lo central de esto, pero es que, sencillamente, todo es tan maravilloso que quisiéramos poder decir y escribir tantas cosas.

Cuando un estímulo es procesado por nuestras neuronas, estas, por decirlo de una forma sencilla, cambian o modifican algunas características de su membrana celular. Se hacen sensibles lo que se expresa en entrada y salida de iones (átomos con carga eléctrica positiva o negativa) que hacen cambiar su polaridad y disparan potenciales de acción (la forma electroquímica por la que las neuronas reciben, procesan y transmiten impulsos (información). En la medida que aquel estímulo se repita más veces, las neuronas estarán más sensibilizadas, más fácilmente transmitirán aquella información, al desaparecer el estímulo, las condiciones cambiarán. Esta es la manera más básica de formar memoria. Pero cuando aquellos estímulos se repiten o tienen relevancia, entonces los cambios siguen ocurriendo a nivel de membrana neuronal y otros organelos internos, pero ahora involucran cambios en su DNA y síntesis de proteínas, este es el caso de almacenes de información o formación de memoria de más largo plazo, además de formar nuevas espinas dendríticas para establecer sinapsis más efectivas y más abundantes en relación a esa determinada información. Es decir, nuestra memoria son proteínas y membrans neuronales sensibilizadas.

Todo este proceso de almacenar información no parece ser infinito, tiene límites, es decir no podemos aprender todo, aunque podemos aprender mucho y en cantidades sorprendentes e inmensurables. Junto al aprendizaje-almacenamiento de información ocurre un fenómeno fisiológico denominado «olvido».

¿Por qué olvidamos? En condiciones fisiológicas, es decir normales, nuestro cerebro olvida porque necesita ser eficiente y económico. Es decir, invierte recursos y esfuerzos en conservar y mantener lo relevante, lo necesario, aunque a veces nos hace algunos engaños o traiciones y mantiene recuerdos que quisiéramos olvidar o eliminar. Como el «OSO BLANCO» de León Tolstoi que luego fue llevado a la práctica experimental por el psicólogo Daniel Wegner.

El olvido puede ser fisiológico, al que me referiré, o patológico (como las amnesias). Es, en genera, pérdida de información almacenada. Pero surge la pregunta, ¿se pierde en realidad?
Olvidamos información por distintos mecanismos:

a) Pérdida de las conexiones neuronales que nos permitirán recordarlo, al no ser empleadas, se eliminan o se hacen menos eficientes

b) Información almacenada en distintos códigos que no reconocemos o que no podemos descifrar con eficiencia o que no desciframos en absoluto. Esto es lo que podría ocurrir en la denominada «amnesia del desarrollo», ¿por qué no tenemos recuerdos explícitos (memoria explícita) de antes de los tres años? Esta cuestión la respondió con muchan sencillez, pero con claridad, el Doctor David Torres: «los códigos lingüísticos». Pareciera ser que la razón está en nuestra capacidad de verbalizar (que no es lo mismo que hablar).

c) Porque la información es menos accesible. Por no recurrir a ella con frecuencia, pierde «fuerza de recuperación». Acá radica la importancia de repasar a la hora de estudiar, cuestión que tenemos que enseñarla en la escuela. Puede que de un solo golpe aprendamos algo, lo retengamos y recuperemos con eficiencia, pero lo ordinario es que en la medida que podamos emplear, recuperar, trabajar y repasar aquella información, mantendremos su fuerza de recuperación.

¿Por qué olvidamos?
Olvidamos para ser más eficientes, para poder aprender más.

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