SEÑORA, NO SÉ QUÉ TIENE SU HIJA…

Era la mañana, de esas jornadas agitadas de consulta.  En la cuarta planta estaba la oficina/consultorio del sabio con el que me formaba como neurólogo pediatra.  Muy cerca de él la psicopedagogo y yo, atentos a todo lo que decía, a sus movimientos y forma de interacción porque de todo aprendíamos.  Ese hombre era como una enciclopedia abierta para todo aquel que quisiera aprender.   Reconocido en el entorno hispano como uno de los sabios de nuestra época. 

Imagen de Mohamed Hassan en Pixabay

Gente de muchos países acudía a su consulta buscando su opinión y también acudíamos médicos de diversidad de procedencias para ser sus discípulos. 

Lo mío, la verdad, está en el nivel de profundo respeto y veneración hacia la persona de mi maestro y lo que él representa.  Recién se jubiló y un artículo le describió como “una leyenda viviente de la neurología pediátrica”.

Sigue la historia.
Ingresa al consultorio una señora acompañada de su niña.  Intercambian toda la información que forma parte de la historia médica (imposible de reunir en minutitos), interactúa luego con la niña, realiza la exploración física y al final se queda revisando todos los estudios que le han realizado en otras consultas…   El tiempo se va haciendo largo, no habla, solo mira, vuelve a mirar y retorna a lo que ya ha visto con anticipación. 
El sabio comienza a mover su mano por la barba blanca.  Señal inequívoca de que algo le preocupaba. 
Por mi parte comienzo a angustiarme esperando la noticia que vendrá.  No auguraba nada bueno. 

Gira su silla y se vuelve directo a la madre.  Han pasado casi dos horas. 
– Señora, no tengo idea de lo que tiene su hija.   Por favor vuelva en una semana que voy a estudiar e investigar.

La señora se retiró del consultorio, se despidieron de manera muy cordial y yo miraba su rostro de agradecimiento. 

Cuando todos se retiraron, se vuelve a mí.  Él sabía que la lección no había concluido. 
– Mira -me dijo con un tono paternal-, tenemos que aprender a decir que no sabemos.
– Si doctor.
Fin de la historia.

Sin, fin de la historia y la lección sigue hasta el día de hoy estando vigente. 
No lo sabemos todo y no tenemos por qué saberlo todo.  Es necesario asumir esa posición humilde y decir no sé, voy a estudiar, no siempre el paciente o sus padres están de acuerdo con esa respuesta porque nos hemos acostumbrado a que el médico nos diga lo que queremos saber.
Pues no sé e iré a estudiarlo e investigarlo, es una respuesta válida, honesta y que evita meternos en enredos innecesarios enviando a las familias a hacer gastos de estudios para ver qué sale y a lo mejor no sale nada.

Es mejor tener un rato sereno, acompañarse de buenos libros de consulta, preguntar a otros colegas y luego llegar a conclusiones útiles y productivas para la próxima vez que nos veamos con nuestro paciente y sus padres.

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