LOS ENGAÑOS DE LA MEMORIA

LOS ENGAÑOS DE LA MEMORIA

Algunas veces los recuerdos nos traicionan.  Por un lado, puede que no logremos recuperarlos, por otro puede que los recuperemos, pero mezclados con una serie de datos inexactos o que atribuyamos valor de recuerdo a algo que en realidad es una elaboración mental que nunca ocurrió.  Esos son los engaños de la memoria.

También puede ocurrir que la memoria, a pesar de tener la facultad del olvido (ya hablaremos de ello), algunas veces se niega a eliminar ciertos recuerdos y los reverbera una y otra vez causando grados variables de incomodidad e incluso ser parte de un cuadro mayor como el del Trastorno de Estrés Postraumático.  ¿Por qué olvidamos algunas cosas y otras, aunque queramos, no las podemos olvidar?

Me encanta esta imagen y texto de Jorge Luis Borges.

¿CUÁLES SON LOS ENGAÑOS DE LA MEMORIA?

Daniel Schacter (2007) clasificó estas posibilidades en siete, que algunos han llamado “los siete pecados de la memoria”, aunque no me parece que así lo dijese su autor.   Además, Schacter parece tener una visión o perspectiva positiva sobre este asunto: “estas distorsiones de memoria no deben ser vistas como fallos en el diseño del sistema, sino que estas distorsiones pueden ser conceptualizadas como subproductos de características deseables de la memoria humana”.  
Schacter es un psicólogo cognitivo de la Universidad de Harvard

Esto es resultado de uno de los sentidos y utilidad de la memoria, es decir de ayudarnos a analizar el presente y predecir el futuro.  ¿Cómo, si la memoria es recordar hecho pasados?  Pues si, la memoria nos ayuda a recuperar información almacenada, pero su predictibilidad del futuro resulta ser una de sus funciones sorprendentes, es en base a los datos y experiencias que tenemos almacenados como podemos decidir sobre nuestras opciones en relación con situaciones que se presentan, si no la tuviésemos, cada situación sería una experiencia absolutamente nueva y tendríamos serías limitaciones para decidir.

Narbona y Soprano (2007) tomando la idea de Schacter plantean esta clasificación:
1. Transcurso o debilitamiento en el tiempo, también denominado fugacidad

2. Distractibilidad

3. Bloqueo

4. Atribución errónea

5. Susceptibilidad a la sugestión o sesgo

6. Propensión

7. Persistencia que es una forma, relativamente perturbadora, con la que un recuerdo reverbera a pesar de desear eliminarlo.

Veamos su efecto.

Aprendimos algo, pero no fue repasado (es importante repasar y repasar, contrario a lo que nos proponen algunos pedagogos), con el tiempo, incluso muy corto (curva del olvido de Ebbinghaus) pierde fuerza de recuperación.  No logramos recordarlo o lo recordamos de manera incompleta.  Esto es el efecto del transcurso, del debilitamiento en el tiempo o fugacidad.

Si además en ese proceso de aprender y almacenar la información resulta que no somos capaces de inhibir algunos estímulos prepotentes y aparece el factor “distractibilidad”, pues entonces la recuperación de la información será más compleja porque en el proceso de almacenamiento aparecieron factores que no permitieron que esto ocurriese de forma eficiente.

Pero aprendemos sin quedar lejos de nuestras circunstancias personales y del entorno en el que nos desenvolvemos.  Decía el filósofo José Ortega y Gasset: «Yo soy yo y mi circunstancia y si no la salvo a ella no me salvo yo».  ¿Qué significa esto?  No podemos impedir que nuestra memoria se impregne de componentes emocionales, por ejemplo, de hecho, algunos centros relacionados con la memoria declarativa y espacial (hipocampos), están en estrecha relación con estructuras relacionadas con cuestiones emocionales.  La memoria se va remodelando con los conocimientos, las creencias y las emociones, indica Schacter.   Esto explicaría algunos de los engaños de la memoria: atribución errónea, susceptibilidad a la sugestión y propensión.

En la atribución errónea podemos confundir realidad con datos no reales, incluso con información que obtuvimos de otras fuentes y que mezclamos con los recuerdos que tenemos como que si hubiesen sido parte de ellos.  En esta forma también aparecen la susceptibilidad a la sugestión, es decir que ideas ajenas al recuerdo real sean implantadas en nuestro almacén de información, incluso esto puede provocarse como cuando alguien está intentando evocar un recuerdo y el interlocutor comienza a preguntar o a formular ideas que pueden terminar “contaminando” la recuperación de los recuerdos.

Adicionalmente, nuestras creencias y conocimientos pueden influir sobre lo que recordamos (Narbona y Soprano, 2007), de tal manera que acomodemos los recuerdos a nuestros sistemas de valores o a la formación y cultura que poseemos.

Finalmente, los bloqueos.  Intentamos recuperar información, pero hay interferencia de otros factores que impiden el proceso.  Solemos decir, “no lo recuerdo, estoy bloqueado”, efectivamente eso ocurre.  Es una búsqueda frustrada, sin resultados por más esfuerzos que se hagan, incluso con apoyos para recordar.

CONCLUSIÓN

Interesante, tanto que aprender sobre el funcionamiento de nuestro sistema nervioso y de sus habilidades cognitivas. 

Cuando comparo este tema en algún foro, siempre recurro a un cuadro de Salvador Dali, LA PERSISTENCIA DE LA MEMORIA.  Vale la pena mirarlo, en realidad contemplarlo.

REFERENCIAS

Soprano AM, Narbona-García J (2007). La memoria del niño, desarrollo normal y sus trastornos. Elsevier-Masson, Barcelona, España.

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