BANDERAS BLANCAS

Fotografía de Prensa Libre.

BANDERAS BLANCAS Venía en el automóvil y al hacer un retorno me topé con muchas personas con banderas blancas. El primer grupo me hizo dudar, el segundo grupo era más claro de personas necesitadas y el tercer grupo tenía el rostro del hambre.


El hambre es un tema presente en nuestra historia, una lamentable realidad que deja su marca y daño permanente. Más del 45% de los niños guatemaltecos menores de cinco años son desnutridos crónicos, una sentencia prematura al subdesarrollo.


Hoy, esta situación generada por el COVID-19, pone mucho más en evidencia esta realidad. Recorrer las calles o carreteras nos permiten ver hondeando ese signo que se ha identificado con la paz, hoy significa otra cosa. Significa injusticia, significa incapacidad del estado, significa historia de dolor, significa hambre.

Según parece que las autoridades tardarán un mes en responder al clamor popular que hondea en las calles, esas banderas blancas tendrán que aguantar un mes antes que sea clara la respuesta de quien “se organiza para protegera la persona y a la familia; su fin supremo es la realización del bien común” (artículo 1 de nuestra Constitución Política).


Nuevamente las iniciativas de los ciudadanos individuales u organizados salen a tratar de resolver las cosas que las autoridades no atienden con la premura que requieren. No se puede aguantar un mes el hambre.


¿Y cómo decirle a estos guatemaltecos que se queden en su casa? ¡Que se queden en su casa para verse las caras de hambre! ¡Que se queden en su casa a esperar la muerte por inanición!


En la mesa de cada uno de nosotros, que no estamos en esa situación, podría caber un plato más. ¿Qué quiero decir? Compartir. Si cada uno da un poco, la suma se convierte en mucho. Así compensaremos la lenta respuesta de las instituciones y el sufrimiento de nuestros compatriotas.


Muchos ciudadanos ya se han organizado y están respondiendo a este clamor. Lo ha hecho la Iglesia Católica y otras Congregaciones Religiosas. Lo podemos hacer también, cada uno de nosotros.
Que nuestra mesa se comparta y que en nuestras casas nada se desperdicie. ¡Es momento de dar! ¡Es momento de generosidad! Que las banderas blancas no terminen inundando nuestras calles y carreteras, aunque eso ya ha comenzado.

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