ENREDADOS EN LAS REDES.

Imagen de Lobo Studio Hamburg en Pixabay

En casa se respeta la privacidad de nuestros hijos pero con límites. No es una privacidad absoluta y así lo saben ellos, no es que lo acepten con entusiasmo pero tienen claro que esas son las normas. Tienen su habitación que es su espacio personal dentro de casa pero sirve solamente para dormir, tareas y otras actividades se hacen en las áreas comunes y no tenemos que pedir permisos especiales para entrar en la habitación (tocamos la puerta y ya está), las computadoras tienen sus claves que son conocidas por nosotros, etc. Esto deriva de tres cuestiones:

a) Los hijos son responsabilidad de sus padres, una responsabilidad ineludible.
b) De acciones inapropiadas de nuestros hijos, los padres somos responsables aún cuando no las hemos realizado.
c) Nuestros hijos son un preciado e invaluable tesoro.

LA MAESTRA CON POCA COMPOSTURA
En las redes sociales recibo toda clase de mensajes, la mayoría buenos, agradables y constructivos, pero otros no.
Hace unos años una persona que no entendió para nada lo que había escrito me envió a decir desde un país de América del Sur que ojalá se acabara el oxígeno que yo respiraba. Le pedí razón de esos malos deseos y otros peores que me escribía, quedó en evidencia que su interpretación del escrito había sido equivocada. Finalmente se disculpó.
También me han llamado de todas formas, “estúpido” una de las más frecuentes y decentes. Recientemente una “maestra” me dijo cuanto quiso y ni nos conocemos, evidentemente ella tiene algunos problemas personales no resueltos y decidió ir a buscar quién podía pagarle sus tristezas, necesité bloquearle.

Las redes sociales son visitadas por muchas personas con conflictos emocionales muy disruptivos y problemas de interacción social complejos. Encuentran en la especie de “anonimato” que da esos medios a decir lo que quieran. Dicen que “no tienen filtros”, pero en realidad lo que no tienen es educación y empatía, presentan esa excusa para justificar su abusivez e insensibilidad.

Una vez me enredé en una discusión que se tornó agria y salieron muchas cosas malas de mi y de mi interlocutor. Luego pedí perdón porque aquello era vergonzoso, la persona decidió no perdonarme y lo acepté así, estaba en su derecho.

La comunicación virtual tiene códigos que no respetamos y por ello puede degenerar en incomunicación, en conflicto, en distanciamiento. Los adultos hemos tenido más oportunidad de expderimentar distintos escenarios de comunicación que los jóvenes, para ellos fácilmente una discusión puede terminar en un encuentro desagradable, complicado y con muchas secuelas.
Creo que la exposición a la comunicación en redes sociales requiere de cierta experiencia de vida al punto que debería estar limitada para los mayores de edad, es decir para aquellos que pueden asumir la responsabilidad de lo que dicen o escriben, el asunto es que muchas cosas pueden rayar en lo delictivo (delitos contra el honor, contempla el código penal guatemalteco y con penas de prisión).

PROBLEMAS CAUSADOS POR UNA DESCONOCIDA
Un grupo de chicos a los que conozco y trato muy de cerca comenzaron a tener conflictos interpersonales. Resulta que una amiga común a todos ellos, para algunos amiga real y para otros virtual, comenzaba con dimes y diretes, en pocas semanas tenía manipulados a cerca de diez adolescentes. Todos habían sido amigos cercanos pero ahora estaban distanciados, la amistad rota y con serias dificultades para ser restaurada.

Tuve la oportunidad de hacérselo ver a todos ellos y poco a poco se fueron apartando de aquella “amiga” conflictiva para volver a su cálidad relación de amistad.

ENREDADOS EN LA RED
Los padres, con mucha probabilidad, nos asustaríamos entrando a todos los chats de nuestros hijos menores de edad. El vocabulario soez que abunda en esa interacción. Las formas de trato maleducadas. Amenazas. Mentiras. Exageraciones. Generación de conflictos.
Pero eso no es todo, esos son los problemas menores, existen otros peores a los que no me voy a referir pero podemos imaginar.

Nuestros hijos pueden enredarse en la red, incluso teniendo padres muy supervisores como nosotros. Nos sentimos seguros con las medidas que hemos tomado, pero la realidad es que es una sensación equivocada porque el peligro está al acecho y las consecuencias pueden ser muy graves, más de lo que alcanzamos a imaginar.

¿QUÉ HACER?
A los hijos mayores de edad que están bajo nuestra tutela es necesario hacerles ver las consecuencias legales del mal manejo de la comunicación en redes sociales. Además de las otras consecuencias: sociales, laborales, etc.

Con los hijos menores es necesario estar vigilante, atentos y reaccionando al primer signo de alarma. El tema es educar por un lado y proteger por el otro. Desarrollar un buen nivel de confianza y comunicación que nos permita conocer lo que les preocupa e interesa, ayudarles a asumir la responsabilidad en el manejo de su comunicación en redes sociales, guiarse por el respeto en las formas del trato y vocabulario, abandonar grupos complicados o que comparten material inapropiado, enseñarles que denunciar no es ser chismozo sino ayudarnos a todos a convivir en paz.

Hay mucha gente, de diferentes edades, guardando evidencias (imágenes, screenshots, grabaciones, etc.) que después utilizan a su antojo sacándolas del contexto en el que fueron producidas y manipulándolas a su antojo. A veces con la intención de dominar, de chantajear o a saber con qué otros intereses oscuros.

Esto es más complejo de lo que imaginamos, requiere de sentido común, pensar, ser creativos y muchas otras cosas más. Para que no terminen siendo redes que enredan.

2 Comments

  1. Hay mucho narcisista encubierto infiltrado en el mundo del autismo. Les atrae el prototipo del “genio excéntrico” y sentir que tienen poder entre personas literales, crédulas, ingenuas y especialmente vulnerables a sus juegos psicológicos y lo harán no sólo con ellos, sino también con los padres de autistas, a quienes manipularán con la culpa. Probablemente la crítica que reciben los padres de autistas sean meras proyecciones, por eso esas acusaciones tan “wtf” que el que las recibe se queda pensando “por qué me dijo eso?”.

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