¿SON CAROS LOS MEDICAMENTOS EN GUATEMALA?

Observatorio Sudamericano de Patentes

La respuesta es sencilla: SI. No solamente son caros, en general son muy caros.

Tenemos una hija con diagnóstico de Trastorno del Espectro del Autismo y Epilepsia. Por este último diagnóstico toma en la actualidad dos medicamentos por los cuales la inversión mensual es de Q 2,600.00 (US $ 340.00) Gracias a Dios podemos pagarlo en este momento y confiamos en el Señor que así será.
¿Está en posibilidad cualquier familia guatemalteca de enfrentar esta necesaria inversión mensual?
La respuesta es NO, definitivamente NO y lo será aún menos probable si el salario mínimo baja, como es la intención de algunos en este momento.

Recién me he enterado que un familiar pagaba alrededor de Q1200.00 (US $ 154.00) mensuales por un fármaco indispensable en su tratamiento. La farmacia de la institución en la que lo adquiría ya no lo provee y ahora debe adquirirlo en el mercado, ¡al doble del precio!

CASO DE HACE UNOS AÑOS
Quiero comentar dos casos personales para ejemplificar esta situación.
A los dos años nuestra hija inició con epilepsia. Se iniciaron algunos medicamentos y posteriormente fueron cambiados a dos diferentes, uno de ellos de costo alto y el otro de costo altísimo. Se logró el control de las crisis y eso lo valoramos grandemente. Sin embargo hay un detalle: en ese tiempo pagábamos Q1600.00 (US $205.15) por cada frasco de la suspensión de uno de esos fármacos y alrededor de Q500.00 por el otro, esto cada quince días. El primero no había ninguna otra presentación en el mercado y el distribuidor tenía exclusividad en el mercado. Dos años después ingresó la competencia de ese fármaco y súbitamente los precios tanto del primero como de su competencia se ubicaron en alrededor de Q500.00 Quiere decir que durante años pagamos Q1100.00 más a los distribuidores de ese medicamento…

En un viaje a España también compramos medicamento. Pagué por ambos fármacos alrededor del 15% de lo que pago en Guatemala. Varias veces le dije lo mismo a mi esposa: “¿Cómo es posible que en este país desarrollado el medicamento cueste el 15% que en Guatemala que somos pobres?” Lo repetí varias veces porque no salía de mi asombro, no era una receta de seguridad social, es decir no tenía ningún descuento en el costo de los fármacos, la receta era de un médico de consulta privada.

CASO MÁS RECIENTE
Hace tres años hacíamos un viaje a El Salvador. Una vez cruzada la frontera nos dimos cuenta que habíamos olvidado los medicamentos de nuestra hija. Paramos en una farmacia de Cara Sucia en el Departamento de Ahuachapán (El Salvador) y pregunté si disponían del medicamento que para nosotros tenía un costo de Q 625.00 (US $80.15). Me indicaron que si lo disponían y que costaba tanto en dólares, hice inmediatamente la multiplicación verificando que el fármaco costaba menos del 50% del costo que el mismo producto (de marca) tenía en Guatemala. Lo más interesante es que por cada original, me daban otro, es decir que pagué el equivalente del 25% del costo del mismo producto, misma presentación y misma farmacéutica que en Guatemala, eso con tan solo cruzar la frontera.

Entiendo perfectamente que la Industria Farmacéutica (IF) está constituida por empresas de capitales privados cuyo fin fundamental es la producción de réditos para sus inversores. También entiendo que corren muchos riesgos en las inversiones de investigación y que tienen derecho a recuperarlos, incluso con creces porque eso es lo que toda empresa privada hace y el sentido de su existir: generar capital. No son obras de caridad.

También entiendo que los estados deben intervenir poco (no creo que nada) en el mercado, pero deben asegurar que sus ciudadanos tengan acceso a todos los bienes de consumo indispensables y no superfluos, este es el caso de los medicamentos. Es importante que facilite la libre competencia porque esta tiende a beneficiar al consumidor.

CAMBIOS NECESARIOS
1. El gobierno debe emprender acciones en conjunto con la industria farmacéutica para el establecimiento de precios de los productos. Precios razonables, que permitan obtener ganancia por su comercialización pero que también los hagan económicamente accesibles a la población en general.
Recurrir a los contratos interinstitucionales e incluso internacionales (como en el caso de las vacunas para los países centroamericanos) para la adquisición de lotes de fármacos a costos más competitivos para ser utilizados en los servicios públicos de salud o la seguridad social.
Regular los impuestos a los fármacos, incluso eliminarlos dentro de lo posible (y a los libros también, por favor).

2. Debe evitarse las relaciones comerciales (esto no incluya las laborales) o no éticas entre profesionales de la medicina y la IF. Pero esto como una conducta generalizada de los en los médicos de todas las especialidades.

3. Considerar la opción del uso de productos genéricos con estudios de bioequivalencia apropiados.

4. En la mayor parte del mundo, incluso en los países en donde los medicamentos son económicamente accesibles, la industria farmacéutica financia algunas actividades de formación. En ese caso debe declararse el conflicto de intereses, tanto de los organizadores como de los conferencistas que acudan a dicho congreso con financiamiento de la IF.
El colegio de Médicos y Cirujanos de Guatemala debe establecer un código de ética que permita regular la participación de la IF en la formación médica continua.
Los congresos que se organicen para formación presencial pueden prescindir de actividades adicionales: almuerzos, cenas, desayunos, fiestas de clausura y otros gastos superfluos que no son indispensables.
La IF podría mantener este financiamiento pero como donativos para becas de participación que abaraten los costos de los congresos pero sin que se sepa el destinatario específico de la recepción de ese financiamiento.

5. Abrir más espacios de formación virtual que resultan mucho más baratos de abordar que los programas de formación presencial que proveen los congresos, seminarios o encuentros profesionales. También es un tema que necesita ser regulado para que los estos sean de la calidad suficiente como para darles valor de horas crédito de formación. Me refiero tanto a calidad académica como técnica.

6. Las asociaciones médicas deben dejar de ver sus congresos o cualquier otro encuentro profesional como la oportunidad de mejorar sus finanzas. Esto les llevaría a ser más ahorrativos, hacer los encuentros académicos más accesibles en el sentido económico y prescindir de los gastos no formativos. A la vez pueden buscar recintos universitarios para la organización de estas actividades y así abaratar costos (la organización de un evento formativo no es barata).

7. Y muchas otras cosas más, pero por el momento esto es lo que se me ocurre. Algo debemos hacer. No podemos seguir pagando precios por los medicamentos que no se pagan en países desarrollados.

Este tema ya es sujeto de estudio e investigaciones publicadas en revistas médicas. Es un tema del que hablamos constantemente los médicos y los pacientes (principales afectados por los altos costos). Muchas veces nos toca maniobrar con nuestras prescripciones para balancear los recursos que la familia dispone, sus necesidades de salud y el acceso a la adquisición de fármacos. Creo que el tema ha salido de una manera más fuerte a la luz pública tras la denuncia de un colega, el respaldo que le han dado otros, los comentarios en medios de información, los procesos llevados en juzgados, etc. En lo personal considero que el Colegio de Médicos debe sentarse a establecer una postura institucional frente a una realidad que no puede esperar más tiempo para ser discutida.

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