ANTES DE TIRAR LA PRIMERA PIEDRA… En la escuela hay muchos héroes.

LO QUE LAS MAESTRAS HICIERON NO ES JUSTIFICABLE, PERO NECESITAMOS HACER MUCHAS REFLEXIONES.

Imagen de Geralt en Pixabay

   La escuela es un mundo que solamente desde dentro se conoce bien.  Desde afuera podemos tener algunas ideas o impresiones parciales, pero para conocerla plenamente es necesario estar dentro de ella, vivir su bullicio cotidiano, compartir las alegrías y las lágrimas relacionadas con todo lo que ocurre dentro de sus muros.  Cada día son multitudes que ingresan por su puerta principal, chicos, maestros y administrativos que van con el corazón lleno de sueños, con proyectos en marcha, sus mochilas con olor a lápiz y loncheras cargadas con toda clase de viandas.  Los profesores entran decididos a la demandante jornada escolar y cuando llega la hora de salida de los chicos la cosa no termina, sigue por tiempo muy variable, indefinido de por sí. 

   La escuela va cambiando, una metamorfosis que no es simple porque tiene que lidiar con una serie de componentes necesarios de trabajar y adaptar.  La vida en la escuela es alegre pero demandante y las actuales circunstancias le enfrentan necesariamente con realidades sociales como los inmigrantes, minorías culturales y religiosas, etc.

   El número de niños con alguna discapacidad que demanda escolarización va en aumento.  Esto ocurre por diversas razones:

  1. Mayor detección de casos
  2. Más sensibilidad y deseo de inclusión social en general que hace que los niños que antes permanecían en casa ahora se incorporan a entornos sociales más amplios
  3. La supervivencia de prematuros y muy prematuros, cuando estudié pediatría lográbamos que niños de 33 o 34 semanas salieran adelante, hoy bebés de 28 semanas de gestación logran salir adelante gracias al avance de los cuidados neonatales
  4. La supervivencia de niños con diversas enfermedades que hasta hace poco eran de alta mortalidad
  5. Etc.

   Sin embargo, a pesar de esta creciente demanda, la escuela no se ha adaptado a esta nueva población que demanda sus servicios. 

NO ES RESPONSABILIDAD EXCLUSIVA DE LA ESCUELA

   Me da mucha tristeza cuando leo artículos en los que se señala a la escuela como la responsable de los fracasos en los procesos de inclusión o por problemas que se relacionan con la misma.  Siempre nuestra vista se dirige a la escuela, sus autoridades y profesores, ellos reciben la crítica y la exigencia de adaptarse a las nuevas circunstancias pero sin entrar en consideración de situaciones que no pueden pasarse por alto:

  • La población escolar aumenta pero el número de profesores no lo hace en la misma proporción
  • Las aulas tienden a sobrepoblarse
  • No ocurre contratación proporcional de personal capacitado en educación especial y la asistencia a personas con discapacidad
  • El presupuesto escolar no se adapta a las nuevas exigencias para proveer a la escuela de material complementario o de apoyos especiales
  • Etc.

   Todo esto, obviamente, no es responsabilidad de la escuela sino de autoridades administrativas superiores en materia de educación.  Ellas son las primeras responsables de todos estos casos de abuso y maltrato que se han venido ventilando en la prensa y redes sociales. 

LA SOBREEXIGENCIA A PERSONAL NO CAPACITADO PERO CON BUENA VOLUNTAD

   Hoy los profesores nos vemos en un panorama nuevo.  La preparación recibida para la docencia no incluye conocimientos suficientes en relación a la instrucción de estudiantes con necesidades educativas especiales, de hecho esa es una especialidad que requiere estudios universitarios específicos.  Entonces los docentes ordinarios cogen fuerzas de su buena voluntad para aprender, experimentar y llevar a cabo acciones pedagógicas con población diferente al estudiante típico para el cual fueron preparados. 

   Nuestro trabajo ordinario incluye:

  • Explorar el contenido curricular propuesto, sus estrategias, objetivos, competencias que pretende lograr, etc.
  • Estudiar sobre lo anterior
  • Revisar el material específico disponible
  • Programar (bimensual, mensual, semanal y la clase específica)
  • Diseñar material pedagógico
  • Calificar
  • Escribir reportes
  • Informes y entrevistas con los padres
  • Asistencia reuniones administrativas
  • Programación de actividades extraordinarias (celebraciones, visitas, periódico escolar, etc)
  • Etc.

   Esto, generalmente, resulta imposible de realizar dentro del horario contratado y todos los docentes dedicamos tiempo fuera del horario normal de trabajo a ello.  Y no solo tiempo, también disponemos de nuestros ingresos personales para preparar materiales que utilizaremos en la escuela y que luego no nos son repuestos porque no están presupuestados.

   La formación continua suele correr por nuestra cuenta.  La formación que se recibe de parte de las instancias oficiales generalmente se centra en cuestiones metodológicas y administrativas, muy rara vez se abordan situaciones vinculadas a la problemática y los retos que cada día pueden generarse dentro del aula.  Para resolver estas situaciones solemos recurrir a la consulta con compañeros, buscar experiencias en páginas específicas y otras pocas opciones más.

   Ahora, con el aumento del número de estudiantes en proceso de inclusión escolar se suman otras exigencias:

  • Diseño de adecuaciones curriculares
  • Aplicación de adecuaciones curriculares
  • Adaptación y diseño de materiales
  • Tiempo extra para la atención personalizada e individualizada
  • Completar informes específicos
  • Llenar documentación que la inclusión escolar demanda
  • Entrevistas periódicas con padres y profesionales externos
  • Investigar por nuestra cuenta sobre el diagnóstico de nuestros estudiantes en programas de inclusión
  • Etcétera.

   Lo que resulta fácil de constatar es que hay muchos docentes esforzándose, mostrando la mejor voluntad posible para salir delante y cumplir a cabalidad con su función pedagógica, pero la buena voluntad no resulta recurso suficiente, aunque si indispensable.   Al final lo que resultamos teniendo es un conjunto de docentes, tradicionalmente mal pagados, pero ahora agotados, un tanto desesperanzados y abandonados por un sistema escolar que se muestra muy interesado en mostrar estadísticas a instancias políticas e internacionales sosteniendo su “éxito” en un conjunto de maestros que van saliendo adelante a pesar de no contar con las mínimas e indispensables ayudas.

Y ADEMÁS QUERIENDO ELIMINAR LA EDUCACIÓN ESPECIAL

   No quiero entrar en este tema tan conflictivo, solamente señalar que es un error y no me muestro de acuerdo con las iniciativas que lo promueven.  La escuela regular por ahora no puede ofrecer a muchos estudiantes la satisfacción de sus mínimas demandas y les expone a situaciones de maltrato y mayor aislamiento.

   La inclusión que la escuela regular ofrece en el momento actual muchas veces no pasa de procesos de integración parcial en los mejores casos, en otros son situaciones de aislamiento disfrazado dentro del aula o en aulas especiales “de apoyo”.

¿QUÉ NECESITA LA ESCUELA?

   La escuela necesita que las autoridades se la tomen en serio.  Necesita que se distribuya de forma más equitativa a la población escolar, que se contrate a más profesores para satisfacer su creciente demanda, disponer de profesionales de la educación especial y psicopedagogía dentro de sus muros, disminuir las exigencias burocráticas sobre los profesores para que pueda ocuparse a plenitud de su función docente.   Necesita recursos materiales, necesita mucho más material didáctico.   Demanda la urgente reforma de los contenidos curriculares en la formación de los docentes para prepararlos de mejor forma en relación a las exigencias que la época demanda. La escuela necesita que entendamos su trascendente función.

La inclusión escolar es una realidad cotidiana, indetenible y necesaria. La escuela va dando pasos en ella a pesar de no contar con los mínimos indispensables. Es el amor de los docentes por su trabajo el que la lleva adelante.

Mientras no nos preocupemos en serio por nuestras escuelas lo que veremos, con tristeza, es un aumento en el número de casos lamentables como los que en estas dos últimas semanas nos han ocupado.

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