Chaskel Lieb Kanner. Llamémosle “Leo Kanner”.

El poblado de Kekotow, en la actual Ucrania, fue el lugar de nacimiento de Chaskel Lieb Kanner, hijo de Abraham y de Klara.

La fotografía es de los archivos de la Universidad Johns Hopkins en donde Kanner trabajó.

Chaskel es un nombre judío de uso poco común y significado no conocido. Lieb es el diminutivo de Lieber, en yiddish (idioma hablado por los judíos de origen alemán y que tiene influencia de otros idiomas europeos) significa querido pues es lo que dicen las páginas que consulté, sin embargo encuentro otra versión en el libro de Steve Silberman en el que indica que Lieb en yiddish es el equivalente de Aryeh en hebreo y que significa “León”, así Chaskel Lieb Kanner comenzó a llamarse a sí mismo Leo Kanner.

En 1938 Leo Kanner comenzó a interesarse en niños que describían un patrón conductual que llamó su atención. Cinco años después, en 1943 publica un artículo que da vida oficial en las publicaciones científicas a lo que hoy conocemos como Autismo. Antes que Kanner, Grunya Efimovna Sukhareva (rusa) había descrito y publicado en relación al mismo patrón conductual (se anticipó en casi una década pero sus publicaciones no fueron conocidas al ser publicadas en ruso y en una época compleja). Simultáneo a Kanner solamente que en otro continente (Europa, Viena en concreto), Hans Asperger se interesaba en niños con algunas características similares a las que Kanner observaba, con una pequeña diferencia: Kanner se enfocaba en sus dificultades, Asperger si bien reconocía las dificultades miraba, también, a sus atributos positivos. Este último comentario no pone en duda, en ningún momento, la sensibilidad particular que Kanner demostró a lo largo de su vida profesional: un interés genuino en los niños y en la psiquiatría infantil la cual contribuyó a perfilar y desarrollar.

En años recientes (siglo XXI) se ha hablado mucho y escrito algo al respecto de estos genios que nos hicieron ver, de manera formal, la realidad del autismo. Claro que no fueron los primeros porque el cronista de Martín Lutero, Johannes Mathesius (siglo XVI) ya había dejado plasmada una descripción que suena mucho a la descripción de una persona con autismo (nivel 3, diríamos en la actualidad). El asunto es que varios de los escritos recientes siembran notas negativas en Kanner y en Asperger.

Que Hans Asperger era nazi nos han dicho a partir de investigaciones de principios de este siglo, esto me afectó como podrán imaginar por la gran tragedia que el nazismo ha significado para la humanidad. Que Kanner conoció los trabajos de Asperger y como hablaba alemán entonces no necesitó quien le tradujera, dicen otros. Que Kanner tuvo contacto con uno de los compañeros de trabajo de Asperger y así supo de sus intereses en investigación. Y si yo me pongo a imaginar también diría que a lo mejor conoció los trabajos de Sukhareva y que los pudo leer en su idioma original. Bueno, no está de más comentar que Leo hablaba y escribía alemán antiguo, otros dialectos alemanes, alemán moderno, polaco, francés, griego, latín, ruthenio, sánscrito, yddish y ya mayor aprendió inglés (Silberman, 2015). ¿Y ruso?, pues no hay referencias bibliográficas al respecto, pero vivía próximo a la frontera rusa, a lo mejor lo aprendió.

¿Copio Leo a Hans Asperger o a Sukhareva? Pues yo no lo sé, pero no lo creo. A lo mejor algo supo al respecto. Pero de autismo o algo parecido él ya sabía desde muchísimo tiempo atrás, incluso antes de entrar a la Facultad de Medicina. ¿Por qué esa afirmación? Basta con leer respecto del padre de Leo para considerar la posibilidad que el señor podría ser una persona que en la actualidad podría considerarse como “Asperger”. Esa es mi hipótesis. Lástima que yo no tengo los recursos para ir a buscar documentos que la respalden, es pura imaginación de sábado por la mañana.

Y termino con otro producto de la imaginación de sábado por la mañana. Leo pudo haber tenido un padre con TEA, la madre todo lo contrario. Sukhareva no lo sé, se sabe poco de ella pero valdría la pena investigar. Asperger me suena a que se describía a sí mismo. Así que los padres del autismo pudieron haber sido personas autistas (ya sé que me dirán que debo decir “personas con autismo” pero al respecto también tengo otras ideas) que describieron lo que sentían, lo que vivían o lo que en su casa habían visto. No serían los primeros científicos en hacerlo, la casa es la primera gran escuela.

BIBLIOGRAFÍA

Silberman S. Neurotribes. Avery, USA, 2015.

Otras fuentes consultadas: mi imaginación e ideas que a lo mejor he leído de otros lados y que ahora no recuerdo la fuente.

Por cierto: retomé la lectura de NEUROTRIBES con la intención de terminarlo. El libro me incomodó inicialmente porque es mi percepción que el concepto “neurodiversidad” resulta peligroso para las personas con autismo nivel 3. Pero bueno, las cosas son como siempre, poco nos toman en cuenta en todo cuando se trata del autismo severo, el más profundo.
El enojo no era responsabilidad exclusiva de Silberman, en mucho contribuyó una figura a la que admiro: Simon Baron Cohen con un editorial que me pareció extraño y me desajustó un tanto. Ya me está pasando “el mosh” dicen en mi tierra para referirse a ese enojo sin mucho fundamento. Necesito tiempo para aterrizar las ideas, a lo mejor interpreto las cosas muy literalmente pero no me voy a autodiagnosticar como tampoco lo hicieron las personas que en este artículo menciono.

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