ÚTILES ESCOLARES EXTRAVIADOS. Perdidos en el agujero negro que acecha a los chicos con TDAH.

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Escribo con la intención de informar y ayudar. Algunas sugerencias del artículo pueden ser utópicas, pero no porque no se puedan poner en marcha sino porque requieren un poquito de ganas de ayudar el hacer que funcionen. Pedagogía del corazón: las ganas de ayudar y servir a los demás.

   La escuela reclama el diagnóstico de uno de sus estudiantes.  Finalmente les llega un informe en el que aparece el reclamado, ansiado y etiquetante diagnóstico: TDAH.  Hago una anotación acá: el diagnóstico para la escuela solamente tiene utilidad si se harán adecuaciones curriculares, en caso contrario no sirve para nada en especial, aunque el diagnóstico implica muchas cosas, para la escuela es más importante contar con un perfil de habilidades, fortalezas y áreas débiles, eso les orienta más para el trabajo que necesitan desempeñar en los aspectos académicos y sociales que caracterizan a la escuela.  El diagnóstico no es un acto público, es un hecho privado entre el paciente y su profesional tratante, sin embargo en la escuela se torna de dominio popular, así que cuando se dispone debe ser tratado con la confidencialidad que esto reclama.

   Entonces se recibe el diagnóstico pero las quejas siguen:

  • Pierde sus útiles
  • No dispone de sus materiales
  • Se mueve constantemente
  • No se está quieto
  • Habla mucho en clase
  • Etc.

   Las quejas no sirven de mucho si no conducen a acciones.  Está bien informar a los padres pero no podemos pretender que ellos resuelvan las cosas que ocurren en la escuela porque, en la mayor parte de los casos, no les corresponde esa función. 

   Mandar una nota a los padres diciéndoles: “señores padres de fulanito, su hijo extravía todos los días los útiles escolares, por favor tomar nota de este asunto y hablar con su hijo”, produce lo siguiente en casa:

  • Hijo, ¿perdiste tus lapiceros?
  • No.
  • Pero tu profesora manda esta nota.
  • Yo no he perdido nada.
  • A ver, muéstrame en dónde los tienes.   Entonces el chico comenzará a buscar y hacer como que busca para decirnos finalmente que no los ha encontrado y que no sabe en dónde están, que seguro se han quedado en el colegio.  El padre saldrá corriendo a la librería más próxima, que está a punto de cerrar para comprarle otros lápices, lapiceros, sacapuntas, etc.  Y los perderá de nuevo.

   ¿Le toca al padre resolver ese problema?   Pues solamente en la parte de comprarlos.  Diferente sería la nota: “señores padres de fulanito, su hijo extravía con frecuencia sus materiales, a partir de esta fecha la profesora los administrará para evitar que esto ocurra, por favor enviarnos un lapicero azul, uno rojo, un lápiz, un sacapuntas… Le informaremos cómo nos va con esta estrategia”.   Sale el padre corriendo a la misma librería, a punto de cerrar nuevamente (porque los padres muchas veces volvemos un poco tarde a casa pero parece que nadie recuerda eso) pero comprará aquellos materiales con gusto porque se siente apoyado.

   Bueno, no está de más recordar que perder los útiles escolares es una de las características de los chicos con TDAH, de hecho es parte de los criterios diagnósticos del DSM-5:

“Con frecuencia pierde cosas necesarias para tareas o actividades (por ejemplo, materiales escolares, lápices, libros, instrumentos, billetero, llaves, papeles de trabajo, gafas, móvil).”

   Pues si pidieron el diagnóstico y lo tienen, entonces por qué se sorprenden que pierdan sus útiles escolares y mantengan una asidua correspondencia con los padres por esta causa, es parte de las formas en las que el TDAH se manifiesta.   El chico no necesita quejas, necesita acciones en su favor que derivan de saber que se tiene un diagnóstico, en caso contrario lo único que se tiene es una etiqueta para clasificar y no un diagnóstico para tratar, abordar o apoyar en sus manifestaciones.

EL LOCKER: TIERRA DE NADIE EN DONDE TODO PUEDE PERDERSE

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   Uno de los inventos más nefatos de la escuela para estudiantes con TDAH es el locker.  Una copia de otros modelos educativos en donde la forma de funcionar es diferente, entonces resulta que se toma la idea y se incrusta en nuestro modelo en donde no encaja, pero se fuerza produciendo en algunos casos un caótico desastre que afecta su trabajo académico y en consecuencia sus calificaciones.  Quejas van con mucha frecuencia por causa de los lockers.  Me apena el tiempo que los maestros dedican a escribir quejas en la agenda para informar a los padres que su hijo llega al aula sin sus materiales, que tiene el locker desordenado, que perdió la llave, que no administra bien su tiempo, etc.   Y también me apena a los padres recibiendo una queja de algo en lo que poco pueden ayudar porque está ocurriendo en la jornada escolar y ellos no van a la escuela con sus hijos.

   Pero también está el lado del negocio.  Pues la escuela cobra por el uso del locker, cobra por la llave o por la llave extraviada y en pocos ciclos han multiplicado la recuperación de la inversión hecha en comprar esas cajas metálicas que resultan una piedra de tropiezo para muchos, una gigante roca de tropiezo para otros, pero que dirección no tiene la menor disponibilidad de cambiar porque así son sus normas: “rígidas”, pierden los márgenes de flexibilidad que reclama la dinámica de una escuela.

   ¿Qué alternativas tenemos al caos que genera el locker en muchos chicos con TDAH?

Cuadernos identificados con código de colores.
Locker (dentro del aula) de “D” en Centro Escolar FAMORE, Guatemala.
  • Código de colores.  Esta estrategia consiste en colocar una etiqueta (sticker) del mismo color a todos los materiales de una determinada asignatura.  Por ejemplo: matemática es etiqueta verde.  Entonces su cuaderno de matemática, su libro de matemática y todo lo que tenga que ver con esta materia se identifica con color verde.  Cuando le corresponde esta materia coge todos los materiales verdes, los coloca en su mochila (mejor si es con rodos) y se mueve a su salón.
  • Locker dentro del aula. Es mejor que los armarios, sin puerta, estén dentro del salón de clases cuando los estudiantes no necesitan cambiar constantemente de ambiente.
  • Materiales bajo administración del profesor. Si el profesor es quien permanece fijo en el salón de clases y sus estudiantes se movilizan, entonces los materiales pueden quedarse en el salón del profesor y estar bajo su administración.
  • Copiar en hojas, con materiales mínimos. El cartapacio (carpeta con ganchos) con separadores de colores puede ayudar a algunos chicos. Para otros puede resultar un caos si no se les ayuda a conservarlo en orden. Pero permite tener que moverse solamente con esta carpeta de un lado a otro sin necesidad de movilizar mucho material.
  • Candado sin llave.  Usar candados con llave implica el riesgo de no poder tener acceso a nada porque se pierde la llave.  Y si no hay quien rompa el candado en la escuela, pues menudo lío le espera a lo largo de la jornada y todas las jornadas que lleve encontrar la llave o encontrar quién rompa el candado.  Es mejor candados con clave y que sea muy sencilla de recordar, hacer ejercicios para aprenderla y anotarla en algún lugar secreto en donde pueda consultarse si se ha olvidado, ¿y qué pasa si se olvida ese lugar secreto?, pues para eso es bueno compartirle la clave al coordinador o director, así alguien más puede ayudar a resolver el olvido.
  • Evitar cambiar de salón.  Esto puede que sea difícil en algunos modelos.  El modelo tradicional del maestro desplazándose por los salones ha cambiando en muchas escuelas, son los chicos que se mueven de un lugar a otro.  El problema es que comienzan a moverse de un salón a otro incluso desde la primaria, se pierde el sentido de pertenencia que da tener tu lugar, decorar tu salón, etc.  Se es nómada, de ninguna parte, migrantes permanentes en la escuela y algunas veces perdidos en el campo de batalla porque no tienen ni idea del salón al que deben dirigirse.   Es cierto que algunos salones tienen peculiaridades que requieren que los estudiantes se movilicen hacia el lugar (computación, laboratorios, etc.), pero esto no es necesario en todas las materias.  Con la disponibilidad de medios electrónicos los profesores pueden movilizarse con muchísimo más material del que podrían cargar en sus manos si llevan consigo una computadora, tablet o algún otro dispositivo electrónico.  Esa inversión es, en verdad, más barata y efectiva.  Es más fácil mover a un adulto que a una legión de bulliciosos chicos dentro de los cuales algunos se perderán en el camino.

MI LIBRO, TU LIBRO, NUESTRO LIBRO

   Estaba preparándome para realizar el examen físico de un niño con sospecha diagnóstica de TDAH, véase bien porque a los niños hay que examinarles también, es parte fundamental de cualquier proceso clínico y no se imaginan la cantidad de cosas que se descubren y las explicaciones que se encuentran cuando se realiza la exploración física.   Sigo con la historia.  Después de haber explicado al chiquito lo que haríamos, pasamos junto con su madre el área que dedicaba a examinar, le pedí que se quitara su ropa y comenzó por los tenis (zapatillas deportivas).

  • Fulano, ¿en dónde dejaste los calcetines? -Le dijo la madre.

   Ella apenas había tenido tiempo de recoger al niño a la salida del colegio para venirse a toda prisa y llegar puntual a su cita del consultorio.  Pues el chico le informó que los había dejado en el colegio, eso significa perdidos con mucha probabilidad (las personas con TDAH tienen su lenguaje metafórico lleno de esperanza).   Luego se quitó su camisa.

  • Fulano, ¿no me digas que también dejaste la playera?

   Pues también la había dejado en el cole.  En esa jornada había tenido clase de natación en su centro escolar.

   De pronto la madre estalla en risa, el enojo inicial se convirtió en un momento diferente.  El chico no traía el cincho (cinturón), traía el pantalón de otro y no se quitó el pantalón porque había olvidado ponerse el calzoncillo.   Yo me disfruté aquel momento y la madre también lo hizo, se desbordó en gestos de cariño para su hijo, le abrazaba y así le hacía entender que le amaba y que todo aquello era un tropiezo pequeñito que ya superarían.   El pequeño de la historia no había perdido sus útiles escolares, había perdido el 75% de su ropa.

   Y otra anécdota más. 

   Venía un estudiante del colegio con el libro de matemática, un libro grande que tiene aritmética y álgebra en el mismo tomo.  Afortunadamente por el tipo de papel y pasta pesa poco para el tamaño que tiene.  En el lomo del libro estaba apuntado con mucha claridad el nombre de otro estudiante.   Le pregunté la razón por la que tenía aquel libro y me respondió que era el suyo.  Pues vimos que por ninguna parte aparecía su nombre pero si el del otro chico.  Por cierto, ya había perdido uno y al final del año le compraron otro para el siguiente ciclo y la anécdota tiene otra parte: la del dueño del libro.  El dueño del libro usaba el de otro chico pensando que era el suyo.  – ¿Qué relajo tienen estos? -me dije a mi mismo, esto es puro socialismo: “mi libro es tu libro, tu libro es mi libro y todos son nuestros”.  El problema es que no sabían en dónde estaba el suyo. 

   Esas historias son comunes para los padres y docentes de estudiantes con TDAH.   La pérdida de los materiales o el aparecimiento súbito en casa de materiales que no les pertenecen, digo “aparecimiento súbito” porque detrás de aquello no hay robo ni ninguna mala intención, tan solo el despiste inocente que suele caracterizar a los escolares con este diagnóstico y a otros que no lo tienen, pero como diría Daniel Comin, algún ramalazo les ha tocado (refiriéndose a alguna ráfaga de viento y lluvia que les tocó, no a un sentido peyorativo que otros dan a esta expresión).

LA PESADA MOCHILA NO ES LA SOLUCIÓN

   Hace unos años, con un grupo de estudiantes de psicopedagogía, hicimos un experimento sencillo: ir a las paradas de buses escolares, pedirle permiso a los padres para pesar a sus hijos y pesar sus mochilas.   Todos los chicos se dirigieron temprano a buscar las paradas próximas a su lugar de residencia.  Digo “muy temprano” porque en estas épocas hay cantidades de niños con miradas perdidas, esperando al bus escolar cuando todavía no ha salido el sol y el cuerpo no sabe si es de día o de noche, solamente sabe que sería mejor estar en la cama durmiendo.

   Los resultados fueron alarmantes.  Niños cargando 20 a 30% de su peso corporal entre la mochila y la lonchera.  Sus frágiles cuerpos en crecimiento llevando pesos semejantes todos los días.  Y en algunos casos encontraron a niños con 40 a 50% de su peso corporal cargado en la espalda.  Menos mal inventaron las mochilas con rodos, que no es que resulten la gran cosa porque obligan a desplazarse en ciertas posiciones (todos torcidos) además de arrastrar ese peso, bueno algo aligeran la situación.

   Y cuando uno ve el interior de la mochila se sorprende:

  • Un pesado libro del cual utilizarán en ese día una página.
  • Un libro de pasta dura y de hojas de papel grueso, que podría ser utilizado como arma defensiva o escudo protector.  A lo mejor lean del mismo una o dos páginas.
  • Una colección de cuadernos de las ocho o siete asignaturas que recibirá ese día.

   Ya luego, en otro artículo, hablaremos de la lonchera porque tiene su propia compleja problemática.

¿Qué hacer con esto?  Intentemos aportar algunas ideas para no dejar el artículo en una colección de quejas y preocupaciones, de nada nos sirven si no conducen a acciones prácticas.

¿Podrían quedarse los libros en casa?

Si solamente utilizarán una o dos páginas del pesado libro, no sería mejor que este libro se quedase en casa.  El peso del libro guarda estrecha relación con el costo, el riesgo de perderlo es algo que los padres no queremos pasar.  En el aula el profesor puede recurrir a muchas estrategias y no depender del libro que puede ser utilizado para estudiar en casa o para hacer las tareas. 

Este año me ha tocado dar en el colegio algunas materias con libros de esos grandes: Historia (precioso libro, por cierto), Biología y Biology (precioso también y muy pesado), además de Estadística (en la que no uso libro).  Mi hija es uno de mis alumnos así que me ha tocado que pagar por esos libros.  Sabiendo el costo de los mismos, el riesgo de extraviarse y la carga pesada que significa transportarlos, pues los libros de mis clases se quedan en casa y en el aula yo trabajo con otros materiales, las tareas (cuando hay) las hacen utilizando sus libros y en ellos mismos estudian.  Hasta hoy ningún problema.   Lo mismo he hecho años anteriores y puedo dar mi clase perfectamente.  Muchas cosas son cuestiones de querer, nada impide ponerlas en práctica.

Carpetas para transportar tareas.  Un cuaderno no pesa mucho, pero siete u ocho sí.  Los cuadernos en movimiento de un lado a otro corren el serio peligro de caer en el agujero negro que acecha a los chicos con TDAH y a cualquier otro estudiante.  Y si se van en ese lugar, que por cierto tiene una fuerza de gravedad tremenda porque parece atraer todo hacia él, jamás saldrán (aunque ocurren milagros y aparecen las cosas extraviadas), se pierde todo el trabajo realizado.  El cuaderno puede permanecer en casa y las tareas se hacen en hojas que son trasportadas en una carpeta dura que asegure que lleguen al colegio presentables porque a todos nos ha tocado recibir tareas tal cuales hermosos acordeones que son extraídas de lugares recónditos de la mochila en el que, por tímidas, fueron a esconderse.  Es más fácil entregar esa hoja al maestro, que también ellos suelen perder los cuadernos de algunos estudiantes…    Luego, en un momentito de la clase aquella hoja se pega en el cuaderno y ya está, nadie transportó nada, nadie perdió nada.  El cuaderno permanece en el colegio y va a casa para cuando tienen que preparar exámenes, las probabilidades de extraviarlos siguen existiendo pero se han reducido en mucho además de haber contribuido a disminuir el peso de la mochila.

PARA TERMINAR. ¿Les parece si lo intentamos? Si no resulta, pues ya se nos ocurrirán otras cosas. Pero si resulta podemos terminar teniendo un fuerte impacto positivo en la vida de nuestros chicos.

4 Comments

  1. Me parece excelente la información y las recomendaciones, creo que la empatía es la mejor herramienta para la inclusión educativa.

  2. Excelente artículo Dr, me encanta leerlo, ojalá en los colegios tomaran en cuenta sus útiles recomendaciones, que no sean sólo para dar quejas, sino apoyar, lastimosamente hoy en día los maestros ya no trabajan por vocación, sino solo por tener un trabajo y un sueldo, no están capacitados ni en disposición de querer ayudar ☹️ Muchas gracias por su valioso aporte Dr, un abrazo

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