LAS FORTUNAS QUE ME HAN PRODUCIDO LOS CONGRESOS DE AUTISMO.

 

Volvía  del congreso de Autismo en Monterrey. Para llegar allá recibí una invitación con muchos meses de anticipación, me entusiasmé  con esa posibilidad y comencé a enviar lo que me solicitaban. He de confesar que me apoyaron  recordándomelo (repetidas veces) para enviarlo porque se me olvidaba.

Comencé la gestión del visado porque a nosotros los guatemaltecos nos piden visa para ir a México. Me rechazaron la primera vez y casi desisto, pero tenía muchas ganas de estar en el congreso. Salí desanimado de la embajada y bastante molesto. Llegué a casa, hice la nueva cita y me preparé para ir de nuevo y resulta que me dijeron otra vez que no. Entonces si que hice la pataleta frente al encargado, algo que nunca debe hacerse cuando uno está en una gestión de ese tipo, pero esta vez funcionó y me envió a buscar otro papel, pero me dio solamente 40 minutos para traerlo, algo que el consideró imposible… Lamentablemente él no sabía con quien se metía, mi título nobiliario es “hijo de Dios”. Así que en 20 minutos estaba de vuelta y diez minutos después salía con mi trámite terminado.

Así que a cancelar días de trabajo para cumplir con el compromiso de ir a Monterrey. Le informé a los organizadores y en corto tiempo (ese mismo día en pocas horas) me enviaron el boleto de avión. El costo económico de dejar el trabajo es alto, más la sobrecarga que significa, en mi caso nadie paga por escucharme, así que los congresos significan, en buena medida, una importante pérdida económica.

Y así llegué a Monterrey, salí de mi casa a las 6:15 de la mañana y llegué a las 20:30. Agotado porque esto de aeropuertos y aviones no son mi fuerte, menos las pasadas por aduana en donde siempre hay algún problema, a veces la computadora portátil o mi cámara fotográfica, otras veces porque olvido sacar el sacapuntas que siempre llevo en uno de los bolsillos (maestro las 24 horas del día), etc.

De la noche del martes a la noche del sábado dormí no más de cuatro horas, casi 3 1/2 en promedio… ¿Haciendo qué?
Revisando documentos de apoyo a las charlas y talleres, modificando diapositivas, haciendo cambios de acuerdo a mis conversaciones con los locales (hay que hablar de lo que quieren escuchar), etc.

Y comida de avión… De la peor que existe. Claro, no viajo en primera clase, viajo en clase turista, de esa en donde apenas cabes en los espacios si mides más de 1.70 metros. Y si es casi 1.80 como en mi caso, te toca acomodarte como se pueda (la verdad es que no se puede). Las lesiones de la columna vertebral de este año contribuyeron un tanto al incómodo viaje de ida y al incómodo viaje de vuelta.
El resto de los tiempos de comida: comida de hotel que aunque sea deliciosa, siempre termina haciendo estragos en mi aparato digestivo que sumado al estrés que me provoca hablar en público, hacen de mi barriga un concierto de tripas, tocado en la-nauseol y mi-diarrea-sostenido. Perdón por ser tan descriptivo.

El hotel… Lindo, pues la verdad es que a mi me parece lindo todo en tanto me den una cama y una ducha. Yo no nací en cuna de oro. Eso si, nací en cuna digna y honrada.

¿Y entonces a qué fui?
Fui a cobrar una jugosa fortuna, ese ingreso tremendo que me produce el autismo:
– La fortuna de encontrarme con la neurotribu (era mi prioridad)
– La fortuna de poder participar 4 veces en este congreso y saber que fui el ponente con más participaciones
– La fortuna de recibir el cariño de tanta gente
– La Fortuna de ver que escuchaban el mensaje de un neurólogo pediatra que también vive las angustias y preocupaciones de ser un padre del autismo
– La fortuna de escuchar un aplauso de agradecimiento
– La fortuna de aprender de quienes llegaron a escucharme porque sus comentarios y preguntas me enriquecieron
– La fortuna de muchos abrazos
– La fortuna de gente que me pedía tomarse una fotografía conmigo para guardar el recuerdo, yo sé que me llevaron en sus fotografías pero muchos también en su corazón así como yo los llevo

Así que queridos amigos: DE MÉXICO VOLVÍ MILLONARIO DE AMOR. Esas son las fortunas que a mi me produce al autismo. Y si que las gano a montones, se me llenan los bolsillos, cargo la maleta y la mochila con todo ese capital de cariño con el que vuelvo a mi país.

Así, al volver a casa, puedo pagar a mi familia el precio de quedarse sin mi por tantos días, de ver cómo se mueven, quien viene a traerles o dejarles… Porque ellos también pagan un precio muy grande para que yo pueda ir a contar historias a otros. Pero lo hacemos con una sonrisa, algo de bien se siembra y tarde o temprano vendrá la cosecha.

¿He hecho fortunas con el autismo? Claro que si, el autismo me ha hecho un Afortunado.

Hay gente que piensa que hacemos dinero hablando de autismo.

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